Algo se rompió La Biblia describe el pecado como algo más que acciones malas aisladas. Es nuestra tendencia profunda a vivir independientemente de Dios y colocarnos en el centro. Esa ruptura alcanza deseos, relaciones, sistemas y decisiones. No podemos repararla solamente mejorando nuestra conducta.
Dios ama, pero su amor no convierte el mal en algo insignificante. Dios es justo, pero su justicia no está separada de la misericordia. En la cruz se encuentran la seriedad del pecado y la profundidad del amor divino.
Jesús se entregó Jesús no quedó atrapado en un accidente fuera de su control. Los Evangelios muestran que entregó su vida voluntariamente. Ocupó el lugar del pecador para que quien confía en Él pueda reconciliarse con Dios.
La Biblia usa varias imágenes para ayudarnos a comprender este regalo: sacrificio, rescate, perdón, victoria y reconciliación. Juntas muestran que Dios actuó en Jesús para hacer lo que nosotros no podíamos.
La cruz no es el final Jesús resucitó. La resurrección significa que la cruz no fue una derrota y que la muerte no tiene la última palabra. El perdón es real, una vida nueva es posible y la esperanza cristiana descansa en un Salvador vivo.
Recibir este regalo no exige comprender cada detalle primero. Significa volverte hacia Jesús con arrepentimiento y confianza.