Más que una figura religiosa Jesús vivió en un lugar y tiempo reales, pero el Nuevo Testamento lo presenta como mucho más que un maestro moral. Habló con autoridad, recibió a quienes otros rechazaban, perdonó pecados, sanó al herido y mostró cómo es Dios. Su compasión nunca fue debilidad y su verdad nunca fue cruel.
Al leer los Evangelios encuentras a alguien que no cabe fácilmente en nuestras categorías. Jesús es tierno con el quebrantado y directo con el orgulloso. No pide que arreglemos nuestra imagen antes de acercarnos.
Dios se acercó El centro del mensaje cristiano no es que la humanidad encontró cómo subir hasta Dios. Es que Dios se acercó a nosotros en Jesús. Entró en la vida humana común, conoció el dolor, el rechazo, el cansancio y la amistad, pero vivió sin apartarse del Padre.
Jesús enseñó que verlo a Él es ver al Padre. Su manera de tratar a las personas nos ayuda a comprender el carácter de Dios: santo, verdadero, paciente y lleno de misericordia.
La pregunta se vuelve personal Jesús murió en una cruz y sus seguidores testificaron que resucitó. El cristianismo depende de esa afirmación. Si Jesús vive, no puede quedarse solamente como una idea inspiradora. Él invita a responder.
No tienes que fingir seguridad. Comienza leyendo uno de los Evangelios y preguntando: “Jesús, si eres quien dices ser, ayúdame a conocerte”. Una fe honesta puede comenzar con una búsqueda honesta.